domingo, 3 de junio de 2012

El mundo. 2,15-17.


15No améis al mundo ni lo que hay en el mundo. Quien ama al mundo no lleva dentro el amor del Padre, 16 porque de todo lo que hay en el mundo -los bajos apetitos, los ojos insaciables, la arrogancia del dinero- nada procede del Padre, procede del mundo, y el mundo pasa y su codicia también. 17En cambio, quien realiza el designio de Dios permanece para siempre.

EXPLICACIÓN.

15-17. Primero de los grandes enemigos del mensaje de Dios. Pone en guardia a los destinatarios: la vida cristiana descrita antes (12-14), basada en el amor que comunica el Padre (15), es incompatible con el mundo, es decir, con el estado de cosas creado por los hombres, basado en el egoísmo, el deseo de poseer y el lujo insultante. Los bajos apetitos, lit. «el deseo de la carne»; este último término significa en Jn el hombre débil sujeto a la muerte; pero, además, el hombre-carne, carente del Espíritu de Dios, es juguete del mal y de la ambición. El término apetitos traduce el gr. epithymia; el adjetivo bajos condensa el significado de carne. Los ojos insaciables, lit. «el deseo de los ojos». La arrogancia del dinero: el término gr. bios significa en este contexto «los medios de vida», «la fortuna». Nada de esto procede del Padre (16), el dador de vida; es decir, nada de eso procura ni acrecienta en el hombre la vida definitiva, en que consiste su realización. 

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